viernes, 30 de enero de 2004

Cultivar el silencio

Los ruidos impiden la comunicación. Para poder escuchar hay que vaciarse interiormente, desalojar prejuicios, ceder en ese egoísmo que nos llena y amar con humildad.



Los ruidos impiden la comunicación. Existen, sin duda, los ruidos externos, pero los peores son los ruidos interiores: los prejuicios, las ideas preconcebidas, las heridas o los rencores, los sueños o las fantasías, etc. Son perturbaciones que no nos dejan relacionarnos con la realidad, con las otras personas y, especialmente, con nosotros mismos. ¡Cuántas veces el recuerdo amargo del pasado me impide escuchar al otro, sencillamente porque estoy a la defensiva o espero que me vaya a hacer daño de nuevo! ¡Cuántas etiquetas colocamos a los demás y a nosotros mismos! Quien está lleno de sí mismo, está incapacitado para el silencio. Para poder escuchar hay que vaciarse interiormente, desalojar prejuicios, dejar espacio a la realidad, ceder en ese egoísmo que nos llena y amar con humildad lo que es. Y para hablar con Dios hay que vivir la virtud del silencio, pero no para mirar el cielo, sino para descubrirlo dentro de uno mismo, en los demás y en las cosas que nos pasa.

No hay comentarios:

Publicar un comentario