martes, 13 de enero de 2004

Orar por el Camino de Santiago

Título: Orar por el Camino de Santiago.
Autores: José Ignacio Díaz, Vicente Malabia, Marie Noëlle Maurin, Ángel L. Barreda, Daniel Corral, Mª Luz Melis y Juan Antonio Torres.
Publicación: Burgos: Monte Carmelo, 2002.


Índice
  • Necesitamos Peregrinos
  • Peregrino
  • Hijos de un Pueblo Peregrino
  • Un "Camino" con historia
  • Testimonios acerca del ¿porqué?
  • Contemplando los Símbolos del camino
  • Santos "Hospitaleros"
  • Rituales Orantes
  • Salmos y Plegarias del Peregrino
  • ...de cómo hacer el Camino
Extractos

"El Camino"
"Por la Tierra de Campos, a la tarde, intuye el peregrino que el Camino no acaba en el mar, en finisterre. Ni tampoco en Compostela donde reposan los escasos restos del Apóstol. El Camino se alarga, indefinido, rectilíneo; se pierde en las alturas y allí el Sol lo recoge. Percibe el peregrino que el Camino lo conduce hacia el Sol; es como un puente tendido que va al Sol. Ya no es la Via Lactea, el Camino de Santiago que anuncia el más allá, el viaje eterno. El Sol en el poniente, eucaristía cósmica, es como el punto Omega de Teilhard que atrae, seductor, todas las caminatas, sendas, veredas. El Camino a Santiago es el Camino al Sol. Eterno viaje para fundirse en el mismo final: el Cristo Cósmico".

"Salmo para despedir el día"
Bendice, alma mía, al Señor.
Todo mi ser bendiga
a su santo nombre,
Tú, Señor, eres bueno y clemente,
rico en misericordia
con los que te invocan.

Quédate con nosotros,
la tarde está cayendo, quédate.

Señor, escucha mi oración
atienda a la voz de mi súplica.
Enséñame, Señor, tu camino,
para que siga tu verdad;
mantén mi corazón entero
en el temor de tu nombre.

Quédate con nosotros...
El Señor te guarda a su sombra,
está a tu derecha;
de día el sol no te hará daño,
ni la luna de noche.
Si el Señor no construye la casa,
en vano se cansan los albañiles;
Si el Señor no guarda la ciudad,
en vano vigilan los centinelas.

Quédate con nosotros...

"Antes, durante y al final del camino... ¡ORA!
En el silencio del camino te encontrarás de pronto mecido o zambullido por una desacostumbrada soledad. No la temas. Ni la rehuyas caminando en grupo. Conviértela en fecunda soledad sonora. Basta para ello con que saltes del diálogo horizontal al que antes aludíamos, a otro vertical con el Trazador de todos los caminos y Guía de todos los caminantes que en el mundo han sido.

A este diálogo amistoso llámalo "Oración". Reza todos los días, y hazlo mirando a Compostela. Y en todo tiempo y lugar:
  • Cuando comiences la jornada, a medio día y al atardecer.
  • Con el viento de cara y cuando te dé de espalda.
  • Ya te veas acariciado por la brisa o zarandeado por la tormenta.
  • Bañado de sudor o aterido de frío.
  • Ora desde las rozaduras de tus pies a los mareos de tu cabeza, pasando por todas tus malas sensaciones musculares.

¿Que no lo has hecho nunca? ¿Que no sabes? No importa. A orar se aprende orando:
  • Ofreciéndote desde por la mañana. Dejándote hacer por Dios en cada circunstancia de la ruta.
  • Confiesa tus pecados y perdona todas las ofensas. Pero confiesa también tu fe y la de quienes caminaron antes que tú.
  • Pide lo que no tengas e intercede por los que no tienen. Y ayuda, anima y comparte cuanto tengas.
  • Agradece, agradece, agradece. Desde el menor de los favores que recibas. A Dios. A todos...
  • Alaba al Creador a coro con las mil y una criaturas del Camino. Y por cada detalle que ha tenido o está teniendo contigo.
  • Adora, en fín, a tu Señor reflejado en la gradeza de toda la Creación.

Y si es posible, ora también en pequeño grupo con quienes han llegado, como tú, al mismo albergue. O en la Asamblea Eucarística, junto con quienes te esperaban o, sencillamente, te están viendo pasar.

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