jueves, 12 de febrero de 2004

Historia de la Hospitalidad

La Hospitalidad es tan antigua como el ser humano. La acogida al extraño, al extranjero, es algo que se practica en todos los lugares a lo largo de los siglos. De hecho en la actualidad, esa hospitalidad está muy presente en los pueblos más antiguos y primitivos, así me lo han transmitido amigos misioneros que han realizado su trabajo en África o medio oriente. Esa hospitalidad, que viene del latín “hospes” (huésped) ha predominado como ejercicio de confianza-acogida sobre otra palabra muy parecida en español: hostilidad, de “hostes” (enemigo) que ha sido y es la reacción contraria de defensa-temor-agresividad ante el extraño que se acerca a mi casa. En la antigüedad clásica, la concesión de hospitalidad al extranjero que pedía asilo era considerada como signo de civilización y de religiosidad. Según está escrito en la "Odisea", para Ho­me­ro los dioses recorren las ciudades, en forma de mortales, observan­do quiénes son los que tratan con violencia y quiénes los que reciben con bondad a los forasteros. Es curioso pensar que actualmente en los países más ricos y civilizados es donde predominada la “hostilidad” sobre la hospitalidad, tal vez porque tenemos tantas cosas que tememos perder...

En la Biblia aparece muy destacado el valor religioso de la hospitalidad que es común a otras religiones. Y en el Evangelio Jesús hace un canto a la hospitalidad:

"Quien a voso­tros reci­be, a mí me recibe, y quien me recibe a mí, recibe a Aquél que me ha enviado..."
Mt. 10, 40


"Todo el que dé de beber tan sólo un vaso de agua fresca a uno de estos peque­ños, por ser discí­pulo, os aseguro que no perderá su recom­pensa."
Mt. 10,42

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