lunes, 16 de febrero de 2004

La meseta de Hontanas

Desde Hornillos hasta Castrojeriz es etapa de silencio. Silencio exterior que posibilite el silencio interior. Hay quien asegura que en estos lugares se le presenta al peregrino aquella misma lucha que nos cuenta el libro del Génesis entre Jacob y el ángel (que representa a Dios mismo). Iba Jacob de camino "y habiéndose quedado solo, estuvo luchando con él hasta rayar el alba. Pero viendo que no le podía, le tocó en la articulación femoral, y se dislocó el fémur de Jacob mientras luchaba con aquél. Este le dijo: Suéltame que ha rayado el alba. Jacob respondió: No te suelto hasta que no me hayas bendecido. Dijo el otro: ¿Cuál es tu nombre? Respondió: Jacob. El hombre dijo: en adelante no te llamarás Jacob, sino Israel porque has sido fuerte contra Dios, y a los hombres les podrás. Jacob le preguntó: Dime, por favor, tu nombre. Pero él respondió: ¿Para qué preguntas por mi nombre? Y le bendijo allí mismo. Jacob llamó a aquel lugar Pennuel pues se dijo: He visto a Dios cara a cara y he quedado con vida" (Gen 32,23-32). Jacob siguió su camino pero herido, cojeando el muslo.

La escena, desde los primeros comentaristas de la Sagrada Escritura, representa la imagen del combate espiritual: Dios sólo se revela a quien se atreve a luchar contra Él. El Señor Yahweh le da un nombre, es decir, un ser y un destino nuevos. Con su fe y su oración, con su lucha para conocer a Dios, el patriarca ha superado su noche oscura; reconciliado con Dios comienza el último acto de su vida de peregrino.

Ve preparado porque es posible que en uno de los vericuetos de la meseta de Hontanas, por Sambol, o por las ruinas de san Antón, se presente el ángel contra el que luchar. Solamente él puede darte el nombre nuevo con el que iniciar la vida nueva.

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