viernes, 13 de febrero de 2004

¿Qué es la peregrinación?

Para entender el sentido de la peregrinación conviene tener en cuenta que el concepto de peregrinación no es exclusivamente cristiano, pues está presente en todas las religiones antiguas importantes. En todas ellas hay tres elementos esenciales que configuran la peregrinación: Un peregrino que transita por un camino hacia un lugar sagrado. Siempre en la persona del peregrino se produce, en la llegada y también durante el camino, un encuentro con el misterio. En algunas religiones se da más importancia al tránsito, al camino que el peregrino hace desde su casa, su ambiente o su situación personal, hacia fuera y hacia el interior de sí mismo. En otros casos se hace más hincapié en la llegada al lugar sagrado y en los ritos que acompañan el momento en que se produce el encuentro con lo sagrado.

En cualquiera de los casos el viaje y la llegada se realiza en el interior del peregrino, es un camino interior que se nutre de lo que el peregrino vive en el camino, de las realidades que el peregrino encuentra a su paso y que son símbolos de lo que vive interiormente. En todas estas religiones se destaca la importancia que los símbolos tienen para la peregrinación. Símbolos relacionados con las montañas, el agua, la hospitalidad que se da al peregrino que siempre tiene un carácter sagrado, o los ritos muy concretos que debe hacer el peregrino al llegar al lugar santo.

En la tradición judía del antiguo testamento la peregrinación tiene un lugar destacado. Parte sobre todo de la figura de Abraham que tuvo que salir de su tierra guiado por la esperanza de llegar a una tierra prometida por Dios. El carácter nómada de la vida del pueblo de Israel acentúa los aspectos de peregrinación en los libros sagrados y tiene su paradigma en la salida del pueblo de Israel de Egipto y su peregrinación de 40 años por el desierto.

En el Nuevo Testamento se mantiene este sentido. El Evangelio de San Lucas describe buena parte de la vida de Cristo como una peregrinación a Jerusalén en la que aparecen reiteradas expresiones que indican que Cristo iba de camino, de pueblo en pueblo... El mismo Cristo se llama a sí mismo “Camino, verdad y vida” resaltando que la meta de toda peregrinación cristiana no puede ser propiamente un lugar santo sino el mismo Cristo.

Con todas estas premisas en la tradición cristiana se empieza desde muy temprano a desarrollar la costumbre de peregrinar a las tumbas de los mártires y a Jerusalén como lugar de encuentro con los lugares en los que vivió Jesucristo. En la Edad Media, sobre todo en occidente, se desarrolla mucho el culto a las reliquias y el afán de peregrinar a los lugares santos donde existen reliquias de importancia. La mayor devoción se concentra en los lugares donde se veneran las reliquias de los apóstoles, los más cercanos a Cristo. Esto justifica el gran auge que tuvo en toda la Europa medieval la peregrinación a la tumba del Apóstol Santiago en Compostela desde que en el siglo IX se redescubren sus restos.

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