lunes, 16 de febrero de 2004

Rituales para el Camino

"Nadie fue ayer,
ni va hoy,
ni irá mañana
hacia Dios
por este mismo camino
que yo voy.
Para cada hombre guarda
un nuevo rayo de luz el sol...
y un camino virgen Dios" (León Felipe).

"Tomar el bordón de peregrino significa, ante todo, ocupar un espacio sagrado donde la potencia de la divinidad ha escogido manifestarse mediante milagros". Tal espacio es esencialmente simbólico y sólo puedes acceder a él mediante el símbolo y el rito. Quizás la palabra rito te pueda sonar a manía o a costumbre vacía de contenido. Deberás hacer un esfuerzo para recuperar su sentido más profundo pues no parece posible percibir la potencia de la divinidad si no es a través de un ritual. El rito consiste en una mediación para percibir a Dios. Las mediaciones pueden ser extraordinariamente numerosas pues comprenden todas las formas visibles de la respuesta del hombre religioso al Poder con el que entra en contacto: desde el gesto más simple o una palabra, hasta la más complicada celebración. Un rito, en sentido estricto, consiste en una "acción simbólica realizada, con cierta periodicidad, por un grupo de acuerdo a unas normas precisas que pretende hacer eficazmente presente la realidad de orden sobrenatural simbolizada". Algunos de los ritos que presentamos tienen este pleno carácter pues son los de la Iglesia Católica. Otros, sin tener este carácter estricto, los proponemos como pautas, como modelos, iniciaciones que faciliten la experiencia simbólica de Dios. No puede obviar el peregrino cuando pone sus pies en el camino que Jesucristo, el Señor, es el Camino y que la meta está al otro lado del pórtico de la Gloria. Necesita, pues, un ritual que le facilite el acceso a la otra orilla, el acceso al "espacio que la divinidad se ha escogido para manifestarse".

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