lunes, 22 de marzo de 2004

Ejes del Camino - Dios

Dios
El tercer eje es DIOS: El Camino no solo es algo parecido a nuestra vida cotidiana: si fuera solo eso, no tendría tanto éxito. El Camino no es un espacio cualquiera, es un espacio sagrado, un espacio simbólico. Esto constituye su más entrañable esencia, su secreto oculto.

En él, Dios se comunica al hombre de muchas maneras: en la naturaleza, en los acontecimientos, en la interioridad.
Forma parte de esta conspiración sagrada la madre naturaleza. Cuando el peregrino observa las imponentes gargantas de Canfranc o los profundos valles del Bierzo, los campos de Castilla o las viñas de la Rioja, la tormenta que ruge, la nieve en los Pirineos, los arroyos de Galicia, los sembrados en la primavera, los bosques en el otoño, los pájaros que cantan, los grandiosos amaneceres o atardeceres del Camino, se conmueve ante tanta belleza y comienza a identificarse con aquel árbol, o con el olor de aquella lluvia, o con aquel insecto, o con la forma de aquella piedra, o con el color de aquella flor, porque se siente parte de un todo. Se siente en sintonía y en armonía con la creación. Comienzan, entonces, las preguntas: ¿Creación? ¿Quién? ¿Por qué? Y termina alabando al Creador, dándole gracias por tantos y tantos regalos, cayendo en la cuenta de que todo es manifestación gratuita del amor de Dios.

Jesús dijo: “Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios”. El peregrino aprende, en su Camino, a descubrir que las cosas y, especialmente, las personas están habitadas por el Creador, y la vida se convierte para él en un encuentro con Dios.

Esa es la dimensión espiritual de la realidad: encontrar y amar a Dios en todas las cosas.

Y luego está la soledad y el silencio. Una vez que ya el peregrino ha dejado de pensar en la casa que deja atrás, las personas que ve a diario, su trabajo, su vida diaria, comienza a interiorizarse, a estar más tiempo en silencio de palabras y de corazón, vaciando sus potencias y dejando, sin saberlo, que la acción del Espíritu trabaje libremente.

También se rompen las nociones de tiempo y del espacio, ya que éstos dejan de ser lineales, físicos, medibles. Son un espacio y un tiempo en que la Divinidad ha elegido para manifestarse a todo aquel que pisa sus linderos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada