lunes, 22 de marzo de 2004

Ejes del Camino - Los otros

Hay tres ejes que confluyen en el Camino y que hacen que éste no sea sólo un camino exterior sino una experiencia interior profunda: los otros, la persona misma y Dios.

Esto hace de la ruta jacobea un espacio y un tiempo especiales y nos ayuda a abrirnos al Misterio.

Los otrosComenzaremos por el primer eje, LOS OTROS: Algunas experiencias interiores proceden del encuentro personal con otros peregrinos. No es que los peregrinos sean personas especiales sino que las condiciones en las que se entra en contacto con ellas, hacen que nos comuniquemos de una manera muy personal, que vivamos la generosidad, la ayuda mutua, la solidaridad con menos esfuerzo.

En nuestras sociedades hay nuevas formas de pobreza, reduciendo al hombre a su dimensión puramente biológica, perdiendo su gran tesoro, que es Dios mismo, y pone en peligro al otro, que deja de ser hermano para convertirse en un competidor. Para ser compañeros, lo fundamental es sentirse a la misma altura, reconocerse de la misma condición, tener un espacio común. En el Camino de Santiago se hace posible esta igualdad. Precisamente porque el otro no es mi rival, no tengo miedo a abrirme a él. Me doy cuenta que el otro sabe de qué estoy hablando, aunque nuestras vidas y experiencias son muy distintas. Y hay algo esencial que nos une: ambos nos hemos puesto en camino. En ocasiones, el desconocimiento del otro nos lleva a confiar en él y nos abrimos, porque necesitamos contar con alguien. El otro no me da miedo porque es sencillamente como yo.

Las condiciones físicas comunes de agotamiento también me unen a los demás. Todos somos iguales, todos necesitamos de todos. En este humilde reconocimiento de nuestra condición limitada, no caben ni dominantes ni sumisos, porque somos esencialmente humanos. Estamos ahí, sin las máscaras que solemos utilizar en nuestra vida corriente, queriendo aparentar lo que no somos. El peregrino aprende a ir por la vida con la cara descubierta porque no tiene miedo a decir que tiene ampollas, cansancio o hambre.

En el Camino hay otro fenómeno de la experiencia del otro: sucede lo que tantos peregrinos no saben expresar qué es, ni cómo pasa (lo llaman casualidad, suerte, destino, milagro, providencia…), y tienen la experiencia del amor de Dios y el de sus prójimos, en la persona de una viejecita que les ofrece un vaso de agua en el momento más oportuno, o el hortelano que le regala manzanas, o el vinicultor que le invita a un vaso de vino en su bodega, o el señor del pueblo que le llama a gritos porque ha cogido el camino equivocado y le acompaña un rato, o el pedazo de chorizo y pan que le ofreció aquel peregrino solitario y taciturno a quien no podía entender lo que decía porque no hablaba su idioma.

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