lunes, 22 de marzo de 2004

El regreso

  
Y, ¿qué decir de la necesidad de la oración cada día en la vida del peregrino una vez que regresa a casa? El Camino es una escuela para la vida, no un paréntesis en ella: se es peregrino a partir del Camino, pero después se vive en casa siendo peregrino. No es posible emprender una marcha que aleje de Dios, toda la vida es un camino, con él y hacia él, en su presencia.

Nosotros hemos recibido, a lo largo de estos cinco años, muchas cartas, mensajes electrónicos y postales de los peregrinos una vez que han llegado a casa. A veces, hasta después de dos años sin saber nada de ellos.

Casi todos, expresan su agradecimiento por los momentos vividos en el albergue pero, sobre todo, manifiestan sus inquietudes del post-Camino. Se sienten solos, incomprendidos, tristes, todo les parece duro e inhumano, quisieran volver al Camino para sentirse hombres y mujeres de verdad.

Les contestamos que pueden regresar algunos días al albergue para “digerir” su experiencia del Camino en silencio y oración.

Necesitamos tener sitios, quizás los mismos albergues en temporada baja de peregrinación, donde podamos acoger, por unos pocos días, a personas que ya han vuelto de Santiago y que se les presenta la difícil tarea de volver a la normalidad. También pudiera servir como un sitio del camino donde su pareja, padres o hijos que quedaron en casa puedan experimentar, en pequeña escala, la magnitud de lo sucedido. Muchos peregrinos no son conscientes de que la etapa más dura del Camino es la vuelta a casa, porque ya no están las flechas amarillas que lo lleven por la ruta, aunque están ahí, pero no saben por dónde mirar o el barullo de la ciudad o de la vida “normal” no les deja ver. No tienen todas esas condiciones tan necesarias de las que hablábamos antes que permiten que los poros del Espíritu se abran y dejen entrar la gracia de Dios Padre. Y es entonces en ese momento, cuando la oración se hace mucho más necesaria.

También sería de utilidad tener, en parroquias de grandes ciudades, un sitio donde los peregrinos pudieran reunirse regularmente con otros para hacer ratos de oración, reflexión, intercambios de experiencias. La gracia que encontrarían, les ayudaría a seguir su camino de la vida. Así, podemos ayudar al peregrino que ha vuelto a casa a descubrir las verdades del Camino:

  • Somos peregrinos, siempre en camino hacia una meta.
  • La clave de la vida es confiar en Aquel que es la fuente de todo.
  • Para caminar hay muchas cosas que estorban, la lógica del desprendimiento.
  • En la vida no vamos solos, sino que nos acompañan muchos peregrinos.
  • La vida, las personas, la naturaleza, todo es un don que tenemos que acoger y cultivar.
  • Se aprende a ser peregrino en el Camino, pero se puede vivir como peregrino en nuestra vida cotidiana.
La idea es ayudarles a que se sigan sintiendo peregrinos; a seguir comprobando lo alegre que es vivir ligero de equipaje; que la felicidad no está en tener, sino en ser y dar; convencerles de que las verdades del Camino hay que llevarlas a práctica; que el hogar, el lugar de trabajo, la calle, el centro de diversión serán su nuevo Camino; que hay que seguir creyendo en milagros; y que Jesús es el Camino, la Verdad y la Vida.

 

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