lunes, 22 de marzo de 2004

La decisión de peregrinar

Los que viven al borde del Camino pueden experimentar cierto desaliento ante el hecho de que una gran parte de los peregrinos carecen de clara motivación religiosa. Los puntos de partida de los peregrinos son muy distintos, no solo geográficamente, sino, sobre todo, interiormente.

Cada uno viene cargado de expectativas, con distintas motivaciones, pero con un elemento en común; la decisión de ponerse en camino para buscar algo. Eso es lo que distingue al que se calza sus botas, coge su mochila y se pone en marcha para llegar a Santiago, de otras muchas personas que prefieren dedicar su tiempo libre a otras cosas como viajar a otros sitios, descansar, aprender idiomas.

Motivados por los mil y un estímulos que los mueven a salir de sus tierras, de sus casas, para ir a Santiago de Compostela, los que están en el Camino no son meros turistas.

Quizá no se repare en ello, pero, como le dice Don José Mª en San Juan de Ortega a los peregrinos, el gran don de ser peregrinos está ya conseguido antes de llegar a la meta: el ponerse en camino. Somos peregrinos por puro don.

El Camino de Santiago tiene la virtud de afectar a toda la persona, desde lo más externo hasta lo más profundo de su yo. Paso a paso, a medida que se avanza por las sendas, el espíritu del Camino va calando en la persona y la modela hasta convertirla en auténtico peregrino.

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