domingo, 14 de octubre de 2007

POEMAS DE UNA HOSPITALERA AGRADECIDA

El “Hogar de espiritualidad San Francisco de Asís, sito en el convento de San Francisco de Santiago de Compostela, ofrece un espacio fraterno para la acogida de peregrinas/os que llegan a la ciudad del Apóstol. Este proyecto nació siendo un sueño y hoy es una realidad gracias a personas como ALLENDE, ALFONSO, AGUSTÍN, EMILIO, BÁRBARA, JOSE, HEGE, JOSÉ MANUEL, IDOIA, ÁNGEL, BEA, INMA, NACHO, MARÍA JOSÉ, CARMELO, ANTONIO, DIEGO, ROCÍO, ARANTXA, MARICARMEN, TERESA, INMA, TEO…


A todas/os, queridas/os VOLUNTARIAS/OS franciscanas/os al servicio fraterno del Camino de Santiago: GRACIÑAS.

IDOIA, en unos sentidos versos tecleando el ordenador con el corazon en la yema de los dedos, nos cuentas sus experiencias de hospitalera en este Hogar de acogida a los peregrinos

Estos poemas compuestos por IDOIA en agosto del 2007, precisamente aquí, en vuestra casa de San Francisco, entre piedras centenarias, responde al eco de su corazón; seguro que tú también, al leerlos, notarás que reviven en ti las experiencias vividas en tu estancia entre nosotros, en contacto con los peregrinos y respirando la espiritualidad de este lugar, de este “hogar”.

“Sé mi luz, enciende mi noche…” (del grupo Ain Karem), se ha convertido ya en un himno que hace posible la evocación de la luz en la oscuridad de la noche. De ahí que el poemario se titule así: “Sé mi luz…”

SÉ MI LUZ

ACOGIDA

Y aquí estamos, ya llegamos,
no es el final, no es el principio,
es un paso del camino,
es un paso firme en un camino nuevo,

Entramos en Tierra Santa,
en anchos muros, en siglos de antigüedad,
pero miramos lo invisible, lo intocable,
sus facciones, sus sonrisas, sus ojos,
donde hay paz, donde hay silencio,
donde la amabilidad es naturalidad,

Tres compañeros y un Santo nos recibieron,
nos acogieron una familia de Ángeles,
y entre todos vivimos, crecemos.

Los tres, uno a uno, nos mentaron,
rápido, pero como lo haría un padre,
para dar lo mejor a un tiempo.

Esta poesía nace de la acogida recibida en el Convento Franciscano.
Este ya era un lugar entrañable para nosotros, hace dos años ya habíamos sentido su magia cuando nos acogieron como peregrinos; en esta ocasión, llegábamos a la Casa de Francisco como voluntarios.

TEMOR

Cómo tanta inquietud,
cómo tanta ignorancia,
¿Cómo suplir las carencias?
¿Cómo suplir los vacíos?

¿Cómo recibir bien?
¿Cómo mirar a los ojos?
¿Cómo volver a sentir?
¿Cómo nombrar a Jesús?

Con paciencia, poco a poco,
con sonrisa, con ternura,
con cariño, con amabilidad,
con paz y con amor.

Aceptando nuestras limitaciones
y creciendo para superarlas,
¿Cómo? Poco a poco.
Hoy a la oración y a sonreír,
mañana más con la ayuda de Dios.


Esta poesía surge de la inquietud, del temor, de querer dar una acogida como la que habíamos recibido, como la que veíamos allí en el corazón de Santiago, en el Convento de los Franciscanos. Pero de repente éramos conscientes de nuestra ignorancia, de nuestras limitaciones, pero esto es algo que hay que afrontar todos los días de nuestra vida en muchos ámbitos. Nosotros lo afrontamos intentando avanzar poco a poco, pasito a pasito, con paciencia, sin desasosiego y con la calma que da la sonrisa de un corazón abierto que da lo mejor que tiene aunque no sea perfecto.

LA ORACIÓN

Cómo acercarte, cómo comunicarte,
no importa la lengua,
no importa el lugar,
importan tus ojos, tu significado, tu luz.

Cómo llegar, cómo afrontar la mirada,
con fe, con sentimiento, con amor,
entonces, aunque no des una perfecta plática,
nace el entendimiento, el consuelo, la luz…

Y tu faz se inunda de gozo,
al ver abrir sus ojos,
al sentir su alma,
al compartir su corazón.

Este es el camino,
este es su fin,
este es su principio:
el AMOR.

En tu acogida está su calma,
en tus brazos está su fe,
en tu sonrisa está su paz,
y en ellos está nuestra felicidad.

Esta poesía siente por nosotros, en uno de los momentos más importantes que hemos vivido en nuestra vida, la oración entre hermanos. Queríamos compartir con todos y cada uno ese momento de paz, de amor, de luz y no sabíamos cómo. Pero al instante lo descubrimos y encontramos la felicidad, compartimos el amor.

SÉ MI LUZ

Si, la luz es amor,
Siempre hay una luz,
Siempre hay una sonrisa,
Siempre hay una caricia,
Siempre hay una esperanza…

Cuando sientes que tu luz,
alcanza su rostro, sus manos,
crees en Dios, crees en la felicidad,
es fácil, es el camino.

Cómo cambiar ese gesto agrio,
cómo cambiar la turbidez,
cómo cambiar el temor,
cómo cambiar la desesperanza.

Con una pequeña luz es suficiente,
con una sonrisa, con una caricia,
con una palabra amable,
la luz resplandece en sus ojos y en los tuyos.


Esta poesía intenta explicar qué fácil es creer en Dios, en la Humanidad, cuando ves el amor que puede existir entre los hombres, cómo se transforman sus gestos, cómo nacen sus sonrisas, cómo se abren sus brazos cuando sienten luz, amabilidad, amor…

GRACIAS 1000

Fue un Ángel, fue un hombre,
ella creyó que no hallaría descanso,
que no hallaría lecho ese día,
pero Jesús estaba mirando.

Y ella llegó al mismo momento,
donde otro halló otro camino,
dejando un espacio, dejando un descanso.

Y ella creyó que Jesús le envío un Ángel,
para darle cobijo en su casa,
para compartir sus palabras,
para darle calma.

Creyó en la luz de ese Ángel,
porque Jesús puso en el hombre,
un pedacito de su bondad,
y ella creyó en Dios,
y ella creyó en la Humanidad.

Esta poesía se imprime gracias a la fe, al agradecimiento, a la bondad y creencia en que Jesús nos cuida y nos envía ángeles para protegernos en la Tierra, y quizás esos ángeles son personas con un pedacito de bondad.
Llegó tarde, agotada, con una mochila a cuestas, en el cartel de la puerta se podía leer: “COMPLETO”, pero ella pasó. En ese momento, otro caminante marchó a otro techo y cuando ella entró, halló una cama, encontró un hogar y sonrisa amable, Jesús le miraba y ella pensó que Ángel, que era su nombre, no era un hombre, era un Ángel.


EL PEREGRINO DE CORAZÓN

Y de repente tienes su corazón en tus manos,
están iluminado tu rostro,
te entregan sus pequeños tesoros,
sin más espera que una mano tendida.

Te prestan sus sentimientos,
te hacen vivir de nuevo,
sus penas, sus tristezas, sus alegrías,
su camino…

Te regalan su luz,
porque creen en tu sonrisa,
porque creen en su sonrisa,
porque creen que el mundo sonríe.

Han visto el lado amable del hombre,
han aprendido a compartir su luz,
han aprendido a recibir tu luz,
brillan como estrellas en el universo.

Esta poesía quiere transmitir el amor, la magia que cada peregrino del camino, de la vida emana. Ellos te hacen participes de sus vivencias, te prestan sus sentimientos y creen en ti, en ellos, y en el mundo. Ellos te entregan sus pequeños tesoros, quizás no son “grandes objetos” ni “posesiones de alta alcurnia” pero son suyos, son parte de ellos, de su historia… los traen en sus mochilas y te los regalan como muestra su afecto. Ellos son peregrinos de corazón, quieren compartir su luz.

LA PARTIDA

Cómo decir adiós,
cómo seguir adelante,
cada uno es un gesto,
una mirada, un suspiro.

Cada uno se lleva un trocito de corazón,
cada uno se lleva un destello de luz,
cada uno se lleva una sonrisa,
cada uno se lleva una lágrima.

Y cada uno deja paz,
y cada uno deja gracias,
y cada uno deja luz.

Y cada uno deja una huella en el camino.
Y cada uno deja una huella en tu corazón.

Esta poesía quiere expresar la pena de la “despedida”. Cada mañana ellos parten, quizás solo han sido unas horas, pero han sido intensas, sinceras, han dejado huella. Hemos compartido sonrisas, lágrimas, hemos compartido la luz de la PAZ y el AMOR y cuesta decir adiós, aunque sepamos que su destello nos sigue.

HUMILDAD Y SENCILLEZ

Aprender a dar gracias,
aprender a dar la paz,
aprender a dar felicidad,
aprender a vivir en otro.

Ellos dan todo,
todo lo que importa,
su tiempo, su esfuerzo,
aquello que tienen,
aquello que vale.

Llegan cansados,
llegan fatigados,
pero cuando viajan en paz,
ellos dan un paso más,
en nuestro trabajar.

Ellos quieren compartir,
su luz, su corazón, su fe,
en Dios, en la Humanidad
y en el amor
dejando atrás la mentira,
viven en la verdad.

Esta poesía trata de recoger un poco el espíritu del Camino, del aprendizaje que este brinda en su día a día, mezclando sentimientos de solidaridad y amistad con momentos de reflexión y espiritualidad en plena naturaleza. Sorprendentemente, eres feliz con una mochila a la espalda y quieres compartir esa luz, esa paz que vives, sabes que tu mayor regalo eres tú mismo, tu tiempo a los demás, tu esfuerzo, por eso aunque llegan cansados, su espíritu es nuevo y ayudan en cada cosa. Sin esperar nada a cambio, sin más interés que el de agradecer la acogida y regalarte su tiempo y esfuerzo, sus pertenencias de mayor valor.

DÍA A DÍA

Vivir en su hogar,
es nacer cada día,
es aprender a compartir,
es aprender a sentir por otros.

Caminar entre ángeles,
es paz, es esperanza,
es andar en la luz,
en el respeto, en la dignidad.

Esconden pequeños sabios,
con grandes corazones,
sus palabras caminan en nuestra alma,
su sensibilidad en nuestro corazón.

Aprender en el día a día,
aprender en la escucha,
aprender en la manera,
aprender en la alegría.

Compartir una familia de amor,
es la esperanza del día a día,
es la esperanza de la paz y el amor

Esta poesía… no tenía palabras para expresar la convivencia con los frailes en la Casa de San Francisco en Santiago, cuánto aprendemos cada día… Todos y cada uno de ellos nos hicieron sentirnos en casa, vivimos su día a día, compartimos su mesa, escuchamos sus palabras… cuánta sabiduría, cuánto amor…qué gran familia (volví a creer en la Iglesia), qué gran sentido sus vidas, qué fácil es creer en esta Iglesia.


Valor para cambiar
Valor para pedir perdón

Y se hizo la luz,
y tocó su corazón,
y se hizo el amor,
y sus palabras se elevaron.

No le faltó valor para sentir,
no le faltó valor para arrepentirse,
no le faltó valor para acercarse.

Y de su pena, de su perdón,
nació la esperanza,
brotaron las palabras de otros,
y compartieron su luz.

Esta poesía narra un pequeño milagro: la transformación del amor en necesidad de reconciliación, en necesidad de paz, quizás un milagro cotidiano pero no por ello rutinario, más bien sobrecogedor e iluminador del camino de la vida. Érase una vez un peregrino que llegando el momento de descanso al final del día, se adelantó a otros, ellos eran un grupo numeroso, todos jóvenes, acompañados de un guía espiritual. Su indignación fue palpable cuando no hubo lechos suficientes para tan numeroso grupo, dos tuvieron que buscar otro cobijo, bajo la tranquilidad de que si no encontraban descansarían aunque fuese en lecho duro, las puertas no se les cerrarían. Pero no todos estaban en paz, estaban enfurecidos con el hombre que en su adelanto sí tenía cobijo. Así, transcurrió la tarde en paz y llegó el anochecer y con él los dos buscadores de cobijo. Encontraron las puertas abiertas y un lecho para descansar. Y, como cada noche, nos dirigimos juntos a la oración, y allí sucedió el milagro. Cuando compartimos la luz, tras la reflexión y en medio de un fondo musical celestial, se elevó una voz, una voz firme, una voz valiente, era el hombre pidiendo perdón por las ofensas cometidas, transmitiendo paz y nuestra alma vibró con él, sentimos la gracia de su reconciliación.
De su valor surgió la palabra de otros y compartimos la paz: el milagro había tenido lugar en casa.

LA AMISTAD

Y algo cambió en ti,
y algo cambió en él,
sólo fueron unas horas,
cómo entenderlo…

No conoces más que su palabra,
no conoces más que su sentir,
no conoces más que sus alegrías,
no conoces más que sus miedos.

No necesitas saber más,
conoces lo importante,
conoces al hombre,
y tus vidas se entrelazan,
son nudos fuertes, son para siempre.

Porque encontraste un amigo,
porque encontraste una luz,
porque encontraste un abrazo,
porque encontraste un tesoro.

Esta poesía quiere explicar el poder de la amistad, cómo en unas horas puedes forjar uniones tan fuertes que se mantengan a lo largo del tiempo, de la vida. Y quizás no sepas a qué se dedica, cómo es su casa… pero sabes mucho de sus sentimientos, de su yo interior, sabes del hombre que es.
En el camino es más fácil que los lazos sean sinceros, es más fácil vivir su camino, sentir sus alegrías, sus penas, es más fácil encontrar el tesoro: ver la luz de los demás.

LA AYUDA

Cómo ayudar, cómo comenzar,
su interior está cambiado,
su interior está alterado,
cómo dar luz,

No podemos cerrar sus heridas,
no podemos guiar su camino,
su interior esta indispuesto,
su interior está luchando,

Pero nos queda la escucha,
nos queda el consuelo,
nos queda el abrazo,
nos queda la esperanza.

Esta poesía enfrenta tus límites en la ayuda, cuando algo no está bien en la mente, cuando algo no cuadra en la persona, cuando algo está roto, no sabes, no puedes coserlo, no puedes iluminarlo…y así llegó con algo quebrado en el interior; cómo ayudar, no puedes restaurarlo, no puedes remendarlo… PERO no hay nada perdido, puedes consolar, puedes abrazar, puedes escuchar… porque siempre hay una luz, siempre puedes iluminar el final del túnel, siempre hay una esperanza.

A FLOR DE PIEL

Puedes palpar sus sentimientos,
puedes sentir su emoción,
sus lagrimas se desbordan,
su corazón está a flor de piel

Han abierto su camino interior,
son exploradores del alma,
quieren llegar a la paz,
quieren alcanzar la felicidad.

No importa quién, ni cómo,
los caminos confluyen,
siguen la misma brújula,
no hay pérdida,
sigue la luz, el AMOR a los demás.

Esta poesía quiere contar cómo se desbordan los sentimientos, cómo buscamos el camino de paz, de felicidad cuando paramos, miramos atrás, y queremos seguir… una vez que empieza la travesía interior nos convertimos en exploradores del alma y, entonces, el sentir queda a flor de piel y las vivencias se hacen tan intensas que no estamos acostumbrados. No sabemos vivir de corazón, vivimos en la superficie, pero una vez que has descubierto la vida de corazón no quieres estar en la superficie.


CÁNTICO A LAS GRACIAS

Gracias por lo vivido,
Gracias por lo aprendido,
Gracias por lo sentido,
Gracias por cada momento.

Gracias por cada abrazo,
Gracias por cada lágrima,
Gracias por cada sonrisa,
Gracias por cada momento.

Gracias a tI,
Gracias a él,
Gracias a ellos,
Gracias a cada uno de vosotros,
Gracias por cada momento

GRACIAS SAN FRANCISCO

En poesía hay lágrimas de calidez, de agradecimiento… por lo vivido, por lo sentido, porque cada momento ha sido mágico, porque he recordado lo importante, porque he vivido en la verdad, y porque me he llevado una luz (AMOR) que intento compartir en cada momento.
Gracias San Francisco por haberme acercado a Jesús, por revivir mi fe, porque a junto a ti es fácil.

Poemas de una voluntaria agradecida.

Idoia Beltrán Gárate.

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