viernes, 18 de mayo de 2012

¿Dónde acaba el Camino?

El objeto de la peregrinación jacobea es llegar hasta la tumba del apóstol Santiago, y una vez allí venerarle y participar en la celebración de muerte y resurrección (muerte a la vida vieja y nacimiento a una nueva) que acontecen fundamentalmente en la Penitencia y la Eucaristía. Estos sacramentos nos unen realmente a la Muerte y Resurrección del Señor, a su Pascua, y hacen que ambas sean efectivas en nuestra vida.
El Camino acaba, sin duda alguna, en la Catedral de Santiago. ¿Y la peregrinación? ¿Acaba allí o en la casa de cada uno, al retomar la vida corriente? ¿O simplemente nos sirve para descubrir que siempre estamos peregrinando? ¿Cuándo acaba definitivamente el Camino si somos peregrinos toda la vida? En todo esto hay un juego de realidades y simbolismos que es difícil desatar.

Habrá quien te quiera convencer de continuar hasta Finisterre (Fisterra), te explique que hasta allí llegaban los antiguos itinerarios celtas que acababan en el Atlántico, y te hable de cultos primitivos que tenían lugar en aquel extremo del mundo (¿y dónde no los había?). Si vas a Finisterre encontrarás otros peregrinos participando en un ritual curioso: bañándose en el Atlántico, en la Playa de Langosteira,  como purificación, y quemando las botas y parte de la ropa como signo del fin de una vida vieja y la apertura a una vida nueva.

Olvidemos los mitos y las tonterías. Si tienes curiosidad y ganas de llegarte hasta Finisterre hazlo: no es un pecado. El espectáculo del sol hundiéndose en el mar es glorioso. La sensación de que la experiencia extraordinaria de la peregrinación se acaba, que ya no puedes seguir y hay que volver a la vida corriente, puede hacerte saltar las lágrimas.

Es verdad, lo importante es esa nueva vida que debe comenzar en ti tras la peregrinación, pero que no nace de ti, que no puedes hacer real tu solo. El apóstol está en Compostela justamente para dar testimonio de quien SÍ puede proporcionártela.

Si acabas viendo la puesta de sol en Finisterre, recuerda lo que dice Cristo,” el Sol que nace para iluminar a los que viven en tinieblas, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz”, en unas de las últimas palabras de la Biblia:
“Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último, el principio y el fin. ¡Dichosos los que lavan sus vestidos para tener derecho al árbol de la vida y poder entrar en la ciudad por sus puertas”.

El nos precede y nos guía en la vida y en la muerte. Seremos peregrinos hasta que, tras el atardecer de la vida, le veamos cara a cara. Ojalá en ese momento tengamos listos los vestidos para ser admitidos en su presencia. Mientras tanto, caminemos a su luz y en la paz.


No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada