lunes, 14 de mayo de 2012

La peregrinación medieval a Santiago

Tras el hallazgo del sepulcro por Teodomiro, enseguida se comunica por carta el hallazgo al Papa León III, y éste mediante la epístola "Noscat Vestra Fraternitas" da a conocer el hecho al orbe entero. Pronto serán cristianos de toda Europa los que peregrinen a Compostela. Del año 906 data una carta de Alfonso III al clero y al pueblo de Tours en la que da noticias acerca de la tumba, respondiendo a una consulta de esa ciudad; es un documento discutido, pero de verificarse su autenticidad sería una muestra del interés que despertaba ya por aquellas fechas el culto al Apóstol más allá de nuestras fronteras. La concesión del Jubileo por el papa Calixto II (hacia 1122), a instancias del Obispo Gelmírez, confirmada por Alejandro III en 1179, hará que aumente aún más la peregrinación, especialmente en los Años Santos.

Todo esto consolida el Camino a Santiago, como una serie de vías que partiendo de Centroeuropa conduce a la tumba apostólica. Se levantan puentes, hospitales, monasterios... para atender al creciente número de peregrinos. En torno al Camino aparecen ciudades o se desarrollan “burgos”, donde artesanos locales o venidos de otros países realizan sus manufacturas. Es un continuo trasiego de personas, de mercancías, de arte, de cultura, de ideas…
El peregrino acudía por simple devoción, para pedir una gracia extraordinaria, para penar una falta grave. O incluso “por encargo”: mucha gente dejaba dinero en su testamento para que fuese un peregrino a Santiago a rezar por su alma. La vida de los peregrinos era fatigosa y peligrosa: los robos y asaltos eran frecuentes, por eso preferían viajar en grupo, y siempre protegidos por su bordón no sólo para apoyarse sino para protegerse de los lobos. Los monasterios y hospitales, como el de Roncesvalles (siglo XII), serán los lugares más seguros y confortables para los peregrinos. Pero la estancia en estos lugares es limitada: en el hospital de Oviedo sólo podían pasar una noche, en Roncesvalles, una máximo de tres. Si caían enfermos, se podían quedar hasta que se curaran.

En cuanto a las cifras, siempre son discutibles. En 1121 un embajador del emir Ali Ben Yusuf da este testimonio: “Es tan grande la multitud de peregrinos que va a Compostela y de los que vuelven que apenas queda libre la calzada hacia Occidente”. La primera “guía” de peregrinos está en el Códice Calixtino, concretamente es el Libro V, de hacia 1139: “Allí van innumerables gentes de todas las naciones… no hay lengua ni dialecto cuyas voces no resuenen allí… Las puertas de la Basílica no se cierran ni de día ni de noche”.

Unos datos de mediados del siglo XV: en Roncesvalles se reparten en un año más de 30.000 comidas; el hospital de peregrinos de Burgos tiene llenas, en su máximo esplendor, las 2.000 camas con las que cuenta; algunos meses de verano llegan a Santiago todos los días más de 1.000 peregrinos. Se calcula que en la época de mayor auge podrían haber hecho el Camino entre 200.000 y 500.000 peregrinos en un año.

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