viernes, 18 de mayo de 2012

¿Qué equipaje llevo?

Pues la verdad que poca cosa si haces el Camino en verano. En invierno es otro cantar.

Tienes dos posibilidades, ir disfrazado de “coronel tapioca” o llevar ropa cómoda y normal, yo me inclino por la segunda opción.
Te cuento lo que yo meto en mi mochila:

Ropa:

·        2 pantalones cortos y uno largo ligero (los desmontables son muy prácticos)

·        3 camisetas, 1 sudadera por si refresca

·        4 pares de calcetines

·        2 mudas, a ser posible de algodón

·        Chanclas para la ducha y para airear los pies

·        Sombrero de ala ancha, mejor que la gorra

·        Bañador

·     Botas o zapatillas, lo que mejor te vaya, pero siempre usadas. No se te ocurra estrenarlas en el Camino.
Varios:

·        Saco de dormir (apropiado a la época del año)

·        Esterilla

·        Una toalla mediana, que no pese mucho; mejor de microfibra

·        Bordón 

·        Capa de lluvia, para que también puedas proteger la mochila

·        Útiles de aseo: cepillo y pasta de dientes. gel y champú para el aseo y una pastilla de jabón para lavar la ropa y, para quien lo necesite, unas cuchillas o maquinilla de afeitar.

·        Botiquín ligero: desinfectante (tipo Betadine), tiritas, gasas, esparadrapo, tijeras, aguja e hilo de coser, crema antiinflamatoria, aspirina o paracetamol, pastillas antidiarreicas, algún antiácido por si la comida nos sienta mal. ¡Ojo! no seas una farmacia ambulante, si necesitas algo a lo largo de la ruta podrás encontrar de todo.

·        Papel higiénico (super útil en determinadas ocasiones)

·        Navaja, imperdibles, varias pinzas de la ropa, una linterna pequeña

·        Una guía del Camino y algo para escribir

·        Una vieira, que se note que eres peregrino

·        No te hace falta cantimplora, con una botella pequeña de agua te apañas, hay muchas fuentes en el Camino

·     Móvil y si te apetece una pequeña cámara de fotos.

Procura que todo esto quede bien colocado en la mochila. Y que sea cómoda, si puede ser anatómica con sujeción a las caderas. Cuanto más compacta vaya y equilibrada de peso mejor, tu cuerpo te dará las gracias.


Aprendiendo a prescindir
El Camino implica austeridad, prescindir de muchas cosas que en nuestra vida normal se nos antojaría imposible. ¡Dependemos de tanto!. No tiene demasiado sentido afrontar una peregrinación, -sacrificio, esfuerzo- si llevamos la mochila llena como un carro de supermercado. Debemos aprender a caminar ligeros de equipaje, conformarnos con poca cosa, llevar nuestras alforjas casi vacías.
De todas formas el propio Camino se encargará de recordarlo en cuanto se le presente la primera oportunidad.

Procura que tu mochila, con todo el contenido, no pese más de un diez por ciento de tu cuerpo, y mejor si puede ser menos.

Llena tu mochila con todo lo que tengas pensado llevar y sal a caminar una tarde con ella. Al llegar a casa, vacía su contenido y quita todo aquello que te haya pesado demasiado. Si esto lo repites un par de veces, seguro que tus hombros y tu espalda te lo agradecerán. Además ¿te crees que en los pueblos y ciudades por los que pasa el Camino no hay tiendas?

Muchos grupos organizan un servicio de coche de apoyo que cargue con los bultos; a veces son necesarios, cuando el grupo es grande y prevén que deberán utilizar tiendas de campaña porque no podrán alojarse en los albergues, o que tendrán que cocinar ellos mismos para comer juntos y abaratar costes. En otro caso, usar coche de apoyo es simplemente “hacerse trampas en el solitario”. No te dejarán alojarte en el albergue si lo ven.

También existen prácticos servicios para transportar la mochila en cada etapa. Y desde luego, hay muchas maneras de llegar a Santiago mejor que andando: en tren, en coche, en avión. Tú decides si quieres hacer el Camino de Santiago como peregrino, con todo lo que supone, o qué quieres hacer.

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