lunes, 14 de mayo de 2012

Qué es peregrinar

En todas las religiones, peregrinar es acudir a un lugar santo, lo que genéricamente se denomina un “santuario”.  

El carácter de santidad del lugar puede provenir de su importancia en la historia sagrada (tal es el caso de Tierra Santa), de ser un centro de influencia religiosa (Roma), de la presencia allí de los restos de algún personaje clave para la religión (Santiago), de diferentes apariciones o hechos extraordinarios que allí han tenido lugar (Lourdes, Fátima), o de otros motivos.

Hay diferentes tipos de santuarios y con diferente trascendencia, desde los locales o comarcales hasta los de interés mundial. Los cristianos, junto con los lugares de Palestina en que tuvo lugar la vida de Jesús, enseguida empezaron a organizar el culto en torno a las tumbas de los mártires: los llamados martyrium, edificados desde el siglo III.

Sobre el cuerpo del mártir, testigo de Cristo, piedra espiritual del edificio de la Iglesia, afirmada con la entrega de la propia vida, se celebra la Eucaristía como sobre el ara más preciosa. Y los fieles acuden a visitarlo, frecuentemente “deambulando”, andando circularmente alrededor de la tumba, procurando tocarla, tocar allí algunos objetos personales que así reciben “poder” o santidad del mártir, o incluso obtener reliquias que el santuario proporciona.

El término “peregrinación” denomina tanto el desplazamiento hasta el santuario como el mismo hecho de estar en él y venerar los restos del mártir o cual sea el objeto de devoción. El peregrino siente allí la proximidad de lo sagrado, y ve más fácil obtener su ayuda ante cualquier necesidad o aflicción. De algún modo, el santuario da presencia espacial a la acción de Dios. Es memoria de una intervención extraordinaria de Dios o de un personaje santo en el que su gracia se ha derramado. Es presencia de lo divino, de su realidad y su acción en medio de un mundo “profano”. Y es también “profecía”, que apunta hacia una realidad nueva y anhelada, en definitiva, hacia la salvación.

“Memoria, presencia y profecía del Dios vivo”, así entiende la Iglesia los santuarios, a los que millones de cristianos se dirigen cada año en todo el mundo.

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