viernes, 18 de mayo de 2012

¿Qué hago en el Camino?

Déjate llevar. Por el Camino. Por sus gentes. Por la naturaleza. Por el silencio. No tengas prisas, que disfrutarás todo mucho más y mejor. Las prisas, si quieres, las puedes volver a coger en tu vida habitual, pero ¿aquí? Hazte un favor a ti mismo, y déjalas aparte. Te lo agradecerás a ti mismo.

El Camino está perfectamente marcado: simplemente sigue las flechas amarillas. Por cierto, ¿sabes quién las inventó? Fue el párroco de O Cebreriro, Elías Valiña Sampedro. Preocupado por el Camino y por los peregrinos, compró a bajo precio bidones de pintura amarilla sobrante de señalizar carreteras, y con su Citroen2CV fue hasta Roncesvalles e hizo el Camino a pie, marcando con flechas aquellos lugares en que el peregrino podía despistarse.

Aprovecha el tiempo en conocer gente, tus compañeros de Camino, los lugareños que te encuentres, los hospitaleros: encontrarás un montón de gente interesante. Visita los monumentos y el arte: el Camino siempre ha tenido un componente cultural, especialmente la visita de los templos.
Piensa en ti, sin obsesionarte, reflexiona, medita, reza.

Piensa también en los demás. Los que dejaste en casa, los que están contigo en el Camino, los que vendrán después. Sé civilizado y no ensucies la senda ni destroces las instalaciones. Déjalas como las encontraste, o un poco mejor

Dosifica tus fuerzas, pero sobre todo dosifica y alimenta tu espíritu. Vive el Camino de una forma relajada, y no te preocupes por los sobresaltos. Los habrá, pero saldrás bien de ellos, y siempre sacarás algo provechoso. No te desanimes si te pierdes y has hecho kilómetros de más. Todo tiene su por qué y su para qué. “No hay mal que por bien no venga”.

No te obsesiones con nada: ni con ser el primero en llegar al albergue, ni por dónde comerás o si encontrarás una farmacia; ni si dormirás bien o los ronquidos de ese señor tan grueso te tendrán otra noche en vela; ni por la familia o los negocios: si sucede algo ya os avisarán.

“No andéis preocupados pensando qué vais a comer o a beber para sustentaros, o con qué vestido vais a cubrir vuestro cuerpo. Fijaos en las aves del cielo: ni siembran ni siegan ni recogen en graneros, y sin embargo vuestro Padre celestial las alimenta. Fijaos cómo crecen los lirios del campo; no se afanan ni hilan; y sin embargo, os digo que ni Salomón en todo su esplendor se vistió como uno de ellos. Así que no andéis preocupados. Buscad sobre todo el reino de Dios y lo que es propio de él, y Dios os dará lo demás”.

Si la peregrinación no te permite mirar los pájaros y las flores, es que algo estás haciendo mal.

Y si ves que tienes que dejarlo, que tienes una tendinitis que te lo impide o que tus ampollas te hacen penosísimo el andar, tampoco te preocupes. Ya habrá más momentos. Lo que parece una derrota era sólo una lección que debías aprender.

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