viernes, 18 de mayo de 2012

¿Qué me puede pasar en el Camino?

El Camino no tiene mayores problemas que cualquier salida por el campo o la montaña. Pero es conveniente que tu familia conozca tu plan de viaje, y sepa cómo localizarte en caso de emergencia. Además de eso tienes el móvil, pero no dejes que te esclavice.

El Camino es seguro, está bien vigilado por la Guardia Civil, aunque siempre hay un cierto peligro de robo. No lleves mucho dinero encima ni objetos valiosos (cámaras, móviles caros). Y si tienes algo de especial valor, no hagas ostentación de ello. No te separes nunca de tu cartera, ni siquiera para ducharte. Vigila tu mochila, especialmente cuando haya mucha gente alrededor. Si has sufrido un percance de este tipo, denúncialo en la Comisaría o puesto de la Guardia Civil más próximo, no sólo por ti sino también por el peligro que puedan correr otros.
Los principales riesgos físicos son las ampollas en los pies (muy frecuentes), y las afectaciones musculares o articulares, especialmente las tendinitis. La mayor parte de estos percances puedes tratarlos tú mismo, aunque lo mejor es prevenirlos. Si te encuentras realmente limitado, acude a los servicios médicos que hay en todos los pueblos. Y si te hacen imposible el Camino, no dudes en abandonarlo, ya habrá tiempo de continuar.

El problema más frecuente son las ampollas, casi nadie se libra de ellas. La causa es el constante roce de la piel con los calcetines. Suelen aparecer durante las primeras jornadas, hasta que se forma callo: por eso un buen entrenamiento previo las evita en parte. Encontrarás muchos consejos para librarte , pero ninguno es infalible. Es crucial el tipo de calzado, que no sea nuevo (haber andado mucho con él), y la calidad de los calcetines, sin costuras y al colocarlos evitar que se formen pliegues; procura andar siempre con calcetines secos y, ante cualquier rozadura, protege la zona con una tirita.

Una vez que aparecen las ampollas, la única solución para seguir andando es drenar el líquido, pinchándolas con una aguja estéril, y después hacer una cura con desinfectante. No quitar la piel seca, que sirve de protección. Un remedio casero, que te ofrecerán en muchos albergues, es un baño con agua con bien de sal y vinagre. Ten en cuenta que son un problema molesto pero poco importante, salvo que sean muy grandes o se infecten.

Mucho más graves y menos frecuentes son las tendinitis, especialmente la del talón de Aquiles. Suelen aparecer por pisar mal por alguna causa (por ejemplo, tener una ampolla), por algún accidente o tropiezo, calzado inadecuado, mala posición de la mochila, demasiados kilómetros diarios, poco entrenamiento…  El síntoma es un dolor en la parte posterior del talón, que en las primeras fases desaparece con la marcha y reaparece por las mañanas, pero luego se vuelve persistente e inmovilizante.

La mejor prevención es un buen calzado, que sea firme pero deje libre el tendón de Aquiles, junto con una buena preparación. En una fase inicial podemos tratarlas con frio local (hielo) y antiinflamatorios, pero si persisten debemos acudir al médico. Son la causa más habitual de abandono de la peregrinación.

Otras afecciones menos frecuentes son los esguinces (ante un dolor agudo en una articulación debe vernos el médico), heridas, deshidratación (es importante beber abundantes líquidos, protegerse con un sombrero y evitar las horas de más calor), quemaduras por el sol (usar protección adecuada y gafas de sol) y las picaduras de insectos (es oportuno usar un repelente, así como tratar las picaduras de abejas o avispas). También están los dolores musculares, agujetas, calambres… Y las rozaduras, sobre todo en las zonas de pliegue corporal (axilas, entrepierna) que se previenen con una ropa suelta y, si aparecen, tratándolas con alguna crema hidratante.

Todas estas descripciones pueden hacernos pensar que el Camino es sólo para superhéroes. Nada más falso: cualquier puede realizarlo, incluso niños y ancianos. Se trata de prepararse un poco y saber adecuar el recorrido diario a nuestra condición física.

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