lunes, 14 de mayo de 2012

Un Camino con personalidad propia

El peregrino sabe que se inserta en una senda mucho más antigua y más densa que su propia experiencia personal, labrada por cientos de años y por millones de pisadas. Antiguas leyendas e historias recientes que reaparecen a cada paso, monumentos que dan fe del pasado esplendor, templos magníficos y diminutos, viejos hospitales reales o eclesiales, nombres, pinturas, ritos, canciones…

El Camino tiene una tradición, un patrimonio que precede y condiciona a cada nuevo peregrino, pero a la vez le apoya, le sostiene, da consistencia y confianza a su caminar. Tiene “personalidad propia”. Y eso le hace grande.
Dentro de ese conjunto de tesoros del Camino destacada la fe, justificación de su origen y de su existencia pero también anhelo impreso en el corazón de cada hombre. Y una diversa y rica experiencia espiritual que admite muchos matices, pero que está en todo caminante antiguo y moderno. En ella queremos profundizar en nuestra web.
Y, cómo no, un depósito cultural que abarca desde la arquitectura a la escultura y la pintura, la literatura, la música, las diversas artesanías, la gastronomía y todas las formas de folclore.

Pero el Camino también tiene sus  enemigos contra los que es preciso preservarlo. Los que intentan alterarlo o manipularlo en beneficio propio, ya sea económico, turístico o político. Los que pretenden dar una visión reduccionista de él, rechazando cualquier otra dimensión que no sea la propia. Los que pretenden trivializarlo, ignorando su hondura espiritual y cultural. Y también quienes lo mixtifican hasta el punto que olvidan que es algo vivo, cambiante.

El Camino no es de nadie, y es de todos. Todos los peregrinos tienen una palabra que decir sobre él, y nadie puede erigirse en defensor de sus esencias. Menos aún, en explotador de un patrimonio que a todos pertenece. Todos tienen derecho a hacer oír su voz en el Camino, pero cada uno la suya, identificadas y armoniosas aunque tengan sus discrepancias. La Iglesia está en el Camino para lo mismo que Santiago, para anunciar al Resucitado hasta los confines del mundo. Pero eso no impide que entre en diálogo con quienes tienen otras visiones u otras preocupaciones.

El Camino sigue ahí desde hace doce siglos. Afortunadamente resistirá mucho tiempo, incluso a quienes pretender amarlo más.

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