viernes, 1 de junio de 2012

El regreso

Igual que el Camino se puede vivir de diferentes maneras y la meta también, el regreso para unos será el momento gozoso de empezar a vivir en la cotidianeidad esa belleza y verdad que han descubierto, pero para otros será la interrupción drástica de una experiencia gratificante en sí misma pero que no ha logrado iluminar ni transformar la vida.

Por eso habrá quien se resista a regresar y quiera prolongar el Camino hasta donde no pueda avanzar más. Será un nostálgico de las vivencias de la peregrinación, no habrá sacado una lección para la vida. Incluso habrá quienes vuelvan compulsivamente una y otra vez al Camino o se instalen permanentemente en él, como adolescentes que se niegan a madurar.

El secreto de la peregrinación es descubrir nuestra propia condición de peregrinos, pero no del Camino sino de la vida. Los valores descubiertos en el Camino: la simplicidad, la nueva sociabilidad, el despojamiento, la liberación y el silencio, la experiencia de belleza y de verdad, incluso la apertura al Absoluto, son para retener y vivir en medio de la ciudad y la vida corriente, en el trabajo y en casa, con la familia y con los amigos.
Eso quiere decir ser peregrino: descubrir cómo encarnar valores nuevos, un yo renovado, allí donde vivimos. Y al mismo tiempo ser consciente de que toda nuestra vida será ahondar en esos descubrimientos, toda ella se convierte en peregrinación.

En este sentido decimos que el Camino es parábola de la vida: nos revela nuestra condición de peregrinos que han de seguir caminando hacia una meta no ya provisional sino definitiva.

El itinerario espiritual de la peregrinación jacobea es en realidad paradigma del itinerario espiritual de la vida de todo hombre.

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