viernes, 1 de junio de 2012

Salir de las cosas

La mochila es la maestra del salir.

Cuando vemos cualquier lista de cosas convenientes para hacer el Camino nos parece evidente que todo eso, y mucho más, debería estar en nuestro macuto. El problema es llevarlo. La mochila se va llenando, apenas queda sitio. Y luego cargarlo sobre las espaldas y andar con ese peso encima.

Una experiencia habitual, pese a todas las recomendaciones, es tener que dejar algo en el primer albergue en que pernoctemos, o en el segundo… Y no es una experiencia negativa, al contrario, es el resultado de una lección que hemos aprendido por nosotros mismos: cargando con todo lo que necesitamos no se puede continuar.

En realidad, se trata de redefinir la palabra “necesidad”.  Por ejemplo, para un ciudadano del siglo XXI puede ser necesario estar bien comunicado: llevar el móvil, el cargador, la cámara de fotos, incluso un Ipad desde el que subir cada día a nuestro blog las experiencias y los lugares visitados. Es una necesidad relativa, claro está. Pensamos que es preciso para dar sentido a la peregrinación: todo lo que vivimos debemos contárselo a alguien, de lo contrario es como si no lo hubiéramos experimentado. Pero el peso se impone, y la espalda nos irá obligando a optar. Y así con todo lo que llamamos necesario. ¿Realmente lo es?

Otra lección que nos enseña la mochila tiene que ver con la previsión. Tal ropa de abrigo por si acaso, tales medicinas por si acaso, tales herramientas… Cuando haya que aligerar la mochila veremos que deberemos arriesgarnos, que no podemos prever todas las contingencias, que tendremos que fiarnos de poder encontrar ayuda o solución en el Camino, en los demás. Viajar con un poco menos de seguridad nos hará sentir más frágiles, pero también más auténticos.


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