viernes, 1 de junio de 2012

Salir de uno mismo

En realidad de quien debemos salir es de nosotros mismos. Por eso Stavrou habla de “morir a uno mismo y a su universo cotidiano”. Hay muchas cosas que nos parecen importantes en nuestra vida, pero son incompatibles con la peregrinación. Hablamos de nuestras manías, nuestras inseguridades, nuestras prioridades, nuestras comodidades, nuestros miedos y fobias, nuestras costumbres cotidianas…

Hay que optar. Si queremos seguir, habrá que lanzarse hacia delante. El Camino, con sus propias normas, se va imponiendo con obstinación. Poco a poco descubriremos que se puede vivir de otra forma mucho más sencilla. Los teóricos de estas cosas hablan de la simplicitas de la peregrinación, un estilo de vida mucho más parecido al de un peregrino medieval que al de un ciudadano del siglo XXI.

Luis Maldonado describe la simplicitas como “la liberación de las estructuras mundanas, la homogenización de los estatutos, la simplificación o sencillez de los estilos de vida” pero también incluye “la reflexión sobre el sentido de los valores fundamentales religioso-culturales, la individualidad afirmada frente al medio institucionalizado... Por tanto, la peregrinación significa un abandono temporal de la vida cotidiana para entrar en un nivel de experiencia más profunda y volver transformado a la estructura preexistente.”

Y el peregrino se acaba acostumbrando a la incomodidad y al riesgo, incluso al dolor (tres cosas horribles para el hombre contemporáneo). Y acaba descubriendo que esa simplicidad es en realidad gozosa.


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