viernes, 1 de junio de 2012

Un itinerario espiritual

 En su obra “Le pèlerinage comme démarche ecclésiastique” (París, 2004), Michel Stavrou plantea la peregrinación, toda peregrinación, como un itinerario en tres fases:

·        Una muerte simbólica a uno mismo y al universo cotidiano.

·        Después, una salida y una búsqueda creciente de la libertad real del espíritu.

·        Finalmente, el reposo del alma en un lugar simbólico que da sentido, belleza y verdad a la existencia.

En realidad no se trata de fases separadas. La muerte a uno mismo se realiza en toda la peregrinación hasta el final, incluso después de acabado el Camino; igualmente el disfrute del lugar santo (el santuario) comienza a saborearse ya desde el principio: es como la luz de un faro que guía y atrae toda la peregrinación.  Pero esta descripción nos hace ver los diferentes elementos que componen un proceso creciente de despojo, libertad y enriquecimiento.

En el Camino hay personas muy diferentes tanto por su edad y circunstancias como por sus motivaciones y su actitud religiosa (creyentes, alejados, ateos). Pero este itinerario espiritual es común, se da en todos ellos independientemente de que lo busquen o no busquen. Es un fenómeno propio de la peregrinación.

Stavrou, teólogo ortodoxo, nos describe el itinerario espiritual con la belleza de imágenes propia del mundo oriental. En este primer ensayo sobre espiritualidad de la peregrinación jacobea vamos a definir el camino espiritual con tres términos mucho más “occidentales”:

·        Salir

·        Caminar

·        Llegar a la meta

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