"Nadie fue ayer,
ni va hoy,
ni irá mañana
hacia Dios
por este mismo camino
que yo voy.
Para cada hombre guarda
un nuevo rayo de luz el sol...
y un camino virgen Dios" (León Felipe).
"Tomar el
bordón de peregrino significa, ante todo, ocupar un espacio sagrado donde
la potencia de la divinidad ha escogido manifestarse mediante milagros".
Tal espacio es esencialmente simbólico y sólo puedes acceder a
él mediante el símbolo y el rito. Quizás la palabra rito
te pueda sonar a manía o a costumbre vacía de contenido. Deberás
hacer un esfuerzo para recuperar su sentido más profundo pues no parece
posible percibir la potencia de la divinidad si no es a través de un
ritual. El rito consiste en una mediación para percibir a Dios. Las mediaciones
pueden ser extraordinariamente numerosas pues comprenden todas las formas visibles
de la respuesta del hombre religioso al Poder con el que entra en contacto:
desde el gesto más simple o una palabra, hasta la más complicada
celebración. Un rito, en sentido estricto, consiste en una "acción
simbólica realizada, con cierta periodicidad, por un grupo de acuerdo
a unas normas precisas que pretende hacer eficazmente presente la realidad de
orden sobrenatural simbolizada". Algunos de los ritos que presentamos tienen
este pleno carácter pues son los de la Iglesia Católica. Otros,
sin tener este carácter estricto, los proponemos como pautas, como modelos,
iniciaciones que faciliten la experiencia simbólica de Dios. No puede
obviar el peregrino cuando pone sus pies en el camino que Jesucristo, el Señor,
es el Camino y que la meta está al otro lado del pórtico de la
Gloria. Necesita, pues, un ritual que le facilite el acceso a la otra orilla,
el acceso al "espacio que la divinidad se ha escogido para manifestarse". |