La
hospitalidad en los primeros siglos de la peregrinación a
Santiago se pone en marcha en función del paso de los
peregrinos que, tras la difusión de la noticia del hallazgo
del sepulcro apostólico en Compostela, empezaron a surcar las
tierras del norte de Espańa en peregrinación a Galicia.
Todos los estudios suponen que la primera hospitalidad se dio en los
monasterios que siguiendo las normas de la caridad cristiana, que se
plasman de una manera muy clara en las reglas monásticas,
abrían sus puertas a los peregrinos como lo harían con
todo caminante rico o pobre que pasaba junto a sus puertas. Es lo que
hace afirmar a los estudiosos que “hasta la mitad del siglo XI la
hospitalidad con los peregrinos era casi exclusivamente realizada en
los monasterios”
También
aparece citada en la documentación una acogida elemental en
las iglesias que acogían a los peregrinos en los mismos
templos atendiendo a una tradición que había de pasar
una noche de plegaria ante las tumbas de los santos. En algunas
iglesias asturianas hay datos que avalan esta hospitalidad ocasional
y sencilla.
Al
crecer el número de peregrinos se ve necesario establecer
espacios distintos de los mismos monasterios para que el flujo
creciente de los peregrinos no perturbe el normal funcionamiento de
estos. Así empiezan a surgir a partir del siglo XI hospitales
destinados a acoger a “peregrinos y pobres” en una expresión
que se hace habitual en este tipo de establecimientos. Aquí
hay que hacer notar que cuando se habla de peregrinos se suele hacer
referencia a simples caminantes procedentes de regiones distintas del
lugar o bien a pobres y vagabundos y que es precisamente la expresión
pobres la que hace referencia a lo que nosotros denominamos
peregrinos. A mediados del siglo XI sólo existen noticias de 5
hospitales en el Camino: Sahagún, Villavascones (localidad
difícil de ubicar en estos momentos), Arconada, Nájera
y Sto. Domingo de la Calzada. Pero en lo siglos posteriores se fueron
desarrollando muchos más a lo largo de la Ruta Jacobea.
Los
primeros hospitales son de fundación monástica o
episcopal y desde su origen tienen apoyos por parte de los monarcas o
de particulares que hacen cesión de rentas o patrimonio en sus
testamentos. Luego surgen otros muchos por iniciativa directa de los
reyes o nobles, de órdenes religiosas y militares, de
cofradías o de simples particulares que poseían medios
económicos para ello. También hay que destacar la
actuación de personas singulares como Sto. Domingo de la
Calzada o S. Juan de Ortega que hicieron de la hospitalidad su camino
de santidad. En algunos casos hay hospitales que dependían de
monasterios franceses como en el caso de Hornillos del Camino que
dependió del monasterio de Rocamadour y posteriormente de la
abadía de S. Martín de Tulle, en la región de
Limoges.
Junto
a estos hospitales caritativos fueron surgiendo también
hospedajes o albergues de pago que llegó a ser una actividad
floreciente, sobre todo en las ciudades del Camino de Santiago. La
proliferación de este tipo de establecimientos, que tienen el
carácter de alojamientos para todo tipo de personas y no sólo
para peregrinos, y la competencia que se establece entre ellos hace
que se produzcan abusos de todo tipo a los que se refiere el sermón
“Veneranda díes” del Codex Calixtinus
y a los que también se hace referencia en algunos milagros del
Apóstol que, como en el conocido del ahorcado, ponen sobre
aviso a los peregrinos de estas prácticas fraudulentas. En
Oviedo hay constancia de una calle llamada Rua de albergueros e
incluso hay noticia de que algunos peregrinos de espíritu
especialmente aventurero y vagabundo ejercían temporalmente el
oficio de criados o mancebos en este tipo de establecimientos
De estos se dice que salían a los caminos “haciéndose
los encontradizos con los peregrinos prometiendo buen trato en las
posadas para dárselo luego malo”
y que echaban a los peregrinos que ya estaban alojados si luego
llegaban otros que les daban una buena propina. ˇCosas que
pasaban hace siglos!.
Sobre
lo que se ofrecía a los peregrinos en los hospitales podemos
decir que era normal darles comida que en calidad y cantidad
difería mucho de unos hospitales a otros como muy bien
reflejan los peregrinos en sus diarios y se comunicaban de unos a
otros. Pero esto no ocurría en todos los hospitales por lo que
era normal que los peregrinos aprovecharan bien las oportunidades que
se les brindaban como refleja el diario de Guillermo Manier
en el siglo XVIII. Para evitar abusos era normal marcar los bordones
de los peregrinos que ya habían pasado por un albergue para
evitar que volvieran muchas veces.
Práctica
habitual en los hospitales debía ser el lavatorio de los pies,
tradición simbólica que, siguiendo el ejemplo de Cristo
en la última cena, se procuraba hacer para manifestar respeto
y veneración al peregrino en el que se veía la imagen
de Cristo, pero que al tiempo era un medida higiénica
elemental que ayudaría mucho a aliviar a los peregrinos y a
favorecer el entorno ambiental de los hospitales. También
disponían de camas, tal y como eran en la época, que no
siempre tenían una limpieza tan esmerada como se podía
esperar. Respecto a la atención a los peregrinos se procuraba
en algunos lugares que el encargado de recibir supiera lenguas
extranjeras y les tratara con mucha caridad, aunque en ocasiones hay
testimonios de que estos porteros trataban a palos a algunos
peregrinos.
Respecto a la atención religiosa era bastante habitual que en los hospitales hubiera capilla atendida por un sacerdote y se rezaba de
un modo solemne a la hora de la cena.
Son también habituales las disposiciones que se establecen
para atender, material y espiritualmente, a los peregrinos enfermos y
para enterrar a los muertos que eran numerosos.
|