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2004. febrero 16. |
Entrar en el recinto de un templo no es asunto baladí pues el templo "es el espacio sagrado en el que la comunicación entre el hombre y lo Alto se hace más fluida e intensa". Un templo es una especie de fuente inagotable de fuerza y sacralidad que permite al hombre, sólo con que penetre en él, participar de esa fuerza y comulgar en esa sacralidad.
Cuando divises el edificio de la iglesia de Eunate, te detienes para
contemplarlo y dejarte impresionar. Te acercas a él despacio. Antes de
entrar en la arcada que lo rodea te descabalgas la mochila y te
descalzas. Deja resonar en tu interior las palabras que Dios dirigió a
Moisés: "ˇMoisés, Moisés! No te acerques aquí; quita las sandalias de
tus pies porque el lugar en que estás es tierra sagrada. Yo soy el Dios
de tus padres. Moisés se cubrió el rostro porque temía ver a Dios".
Repite estas palabras en tu interior y mientras, lentamente, accedes al
claustro y circunvalas el octógono tres veces en nombre de cada una de
las personas de la Santísima Trinidad. Te detienes en la puerta norte y
pides a las esfinges de los capiteles que encubran tu indignidad y
permitan tu acceso al lugar sagrado. Cuando obtengas su permiso,
traspasas el umbral: has penetrado al espacio donde Dios se manifiesta.
Colócate en el centro bajo la cúpula mirando al ábside. Deja que la luz
que entra por los lucernarios y ventanas vaya alumbrándose en ti.
Escucha: "Yo soy el Dios de tus padres". Contempla la imagen de nuestra
Seńora. Deja que el espacio entre en ti, te hable, te comunique su
secreto. Pídelo. Con mucha humildad, pero pídelo. Abre tu más íntima
interioridad a la Presencia.
Aunque Eunate es un lugar especial, cuya percepción se facilita por su
soledad, este rito lo puedes realizar para entrar en cualquier templo.
La tradición católica expresa la preparación para entrar en un templo
con el rito de tomar agua bendita y hacer la seńal de la cruz sobre el
cuerpo. De esta forma purificado, el fiel puede acceder al lugar
sagrado. |