|
2004. febrero 16. |
Subir al Cebreiro equivale a ascender al monte del Seńor, el lugar cercano al cielo en el que se manifiesta la divinidad. Hace siglos aconteció el milagro: lo oculto del símbolo sacramental dio paso a la tangibilidad de la visión, los sentidos aprehendieron lo que sólo la fe contempla. Aquel milagro sigue acaeciendo para los ojos iluminados por la fe: Dios se convierte en pan para los peregrinos.
żQué mejor rito celebrar en El Cebreiro sino la misma Eucaristía, el
banquete simbólico en el que Cristo se hace presente y se deja comer?
Rememora la Pascua de Israel (cuando Dios alimentó a su pueblo
peregrino con maná) y la Pascua de Cristo (cuando Jesús se ofreció a
sus discípulos como comida antes de pasar de este mundo al Padre).
Prefigura el banquete festivo con que el Seńor nos obsequiará por toda
la eternidad, en el que no pasaremos ya hambre ni sed, pues él mismo
saciará todos nuestros anhelos. Conlleva la acción de gracias (eso
significa Eucaristía) a Dios Padre por el don de su propio Hijo,
ofrecido por nosotros para colmar nuestro hambre vital.
La Eucaristía también es denominada viático, es decir, pan para el
camino, alimento de peregrinos. Cristo Jesús es tu auténtico sustento,
el único en el que nuestra limitación alcanza su plenitud. Hoy se te da
en este banquete de El Cebreiro como cordero sacrificado sobre el altar
de la cruz. Participa en la Eucaristía, adórala: tu peregrinación no
sólo a Santiago, sino por toda tu vida, es posible gracias únicamente a
la fuerza divina de este sacramento. Pan y vino se convierten, en
virtud de aquellas palabras que pronunció Jesús en su última cena y por
la fuerza del Espíritu, en su propia persona. Participa con conciencia
limpia en tales misterios; sólo con ellos tendrás fuerzas para culminar
tu peregrinación existencial.
Acabada la Eucaristía, repite estas palabras con las que santo Tomás de
Aquino condensó la admiración humana ante tal don divino:
ˇOh sagrado banquete, en el que Cristo es nuestra comida, se celebra el
memorial de su pasión, el alma se llena de gracia, y se nos da la
gloria futura! |