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martes, 13 de enero de 2004 |
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El Camino
de Santiago ofrece a los peregrinos de hoy un ámbito de humanidad y calor
humano que para muchos resulta sorprendente. Esto se debe en buena manera a
muchas personas que de un modo voluntario y generoso contribuyen con su trabajo
a hacer más fácil y atrayente el Camino del peregrino. A algunos los ven los
peregrinos acogiendo en los albergues, o curando ampollas, o explicando los
monumentos, ofreciendo un vaso de agua. A otros no los ven pero están ahí de
alguna forma: los que hicieron los caminos, los que construyeron las iglesias,
los que trabajaron en la construcción de los albergues, los que plantaron los
árboles, los que limpiaron las calles y caminos ... Otros no se dejan ver, pero
acompañan silenciosamente a los peregrinos: son los que marcaron las flechas o
hicieron las guías que les orientan. Hay y ha habido muchos voluntarios que
ayudan al Camino del peregrino.
Por
eso son muchos los que después del Camino se plantean devolver algo de lo que
han recibido y colaborar como voluntarios en ayuda de otros peregrinos. Si
quieres hacer algo parecido sigue leyendo ...
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