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viernes, 30 de enero de 2004 |
No hay que desilusionarse si no todo es perfecto, si no se acaba o consigue al momento. ¡Todo se andará!
 En las ciudades vivimos
acelerados. El ritmo de nuestros compromisos, la programación
de agendas y horarios, los plazos para cumplir objetivos o las fechas
de los exámenes, las distancias o las aglomeraciones de gente
son situaciones que todos, más o menos, vivimos. Acostumbrados
a la cultura de la eficacia y la velocidad, nos cuesta un cambio de
ritmo. Las grandes batallas, los grandes proyectos, los horizontes
que nos proponemos tienen siempre un primer paso que dar, tienen su
propio ritmo que hay que saber respetar. No hay que desilusionarse si
no todo es perfecto, si no se acaba o consigue al momento. ¡Todo
se andará! En el Camino de Santiago, las distancias nos
parecen grandes, ante los paisajes nos sentimos pequeños,
lentos. Pero esa sensación es engañosa: por muy lejos
que quede el horizonte, tarde o temprano se atraviesa y aparece otro
nuevo. Solo necesitamos cambiar nuestro ritmo interior y valorar más,
disfrutar mejor de nuestros propios pasos.
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