Tenemos que aprender hasta dónde podemos llegar. Tenemos nuestras limitaciones. Para parar a tiempo hay que aprender la virtud de la prudencia. La voluntad se pone a prueba muchas veces. Nuestra débil voluntad necesita solidaridad, ayuda y ánimo de los otros. Otras veces, la voluntad se robustece por la fe y encontramos las energías en la oración.
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