Si tenemos el valor de perseverar, la vida nos recompensará con una plenitud serena, distinta del entusiasmo inicial, con menos energía quizás, pero mucho más cierta.
Te propongo tratar de recuperar la perseverancia, la espera, la
aceptación. Gobernar aquella toxina llamada impaciencia; la misma que
nos envenena el alma. Si no consigues lo que anhelas no desesperes...