Si tenemos el valor de perseverar, la vida nos recompensará con una plenitud serena, distinta del entusiasmo inicial, con menos energía quizás, pero mucho más cierta.
Apuramos a nuestros hijos en su crecimiento, apuramos al chofer del
taxi... nosotros mismos hacemos las cosas apurados, no se sabe bien
por qué...
Perdemos la fe cuando los resultados no se dan en el plazo que
esperábamos, abandonamos nuestros sueños, nos generamos patologías que
provienen de la ansiedad, del estrés...