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miércoles, 11 febrero 2004 |
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Quienes no se dan por vencidos, van gradual e imperceptiblemente
creando los hábitos y el temple que les permitirá sostener el éxito
cuando éste al fin se materialice. El triunfo no es más que un proceso
que lleva tiempo y dedicación.
Un proceso que exige aprender nuevos hábitos y nos obliga a descartar
otros. Un proceso que exige cambios, acción y formidables dotes de
paciencia.
Tiempo... Cómo nos cuestan las esperas. Qué poco ejercitamos la paciencia en este mundo agitado en el que vivimos...
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